10 oct 2008

Cronica de un amor frustado

8:00am, puntual como siempre, tu cabello castaño aun mojado por la ducha, tus labios sin color y tus mejillas igual que gracias a las prisas no te alcanzabas a maquillar, tus cuadernos dentro de una mochila muy peculiar que llamaba la atención, normalmente te encontraba leyendo algún apunte en alguno de tus cuadernos y tu olor a perfume caro importado que aminoraba el olor a smog.

Siempre era igual, yo siempre llegaba tarde a la cita, siempre estabas tú antes que todos aun cuando sabias que el autobús pasaba a las 8:00am. Yo siempre me sentaba lugares atrás de ti, no se si me concias, o por lo menos me notabas, eso que importa, tu belleza superaba cualquier cosa y mas mi poca presencia.

Alguna ves cruzamos miradas y sonreímos, con eso hisiste mi día y me volviste loco, me ponías de buenas y hacías que todo fuera mejor, simplemente lograbas lo que nadie.

Ese día decidí decirte lo que por ti sentía, recuerdo claramente que era un viernes y era el último día de clases. Lo estuve preparando toda la semana para que fuera algo innovador sin caer en lo ridículo. Sinceramente nunca había estado tan limitado con mis palabras como ese día. Después de no poner atención a las clases y pensar en ti todo la mañana se dio la hora de salida, 2:00pm., corrí a la parada de camión para alcanzarte hasta tu escuela que estaba como a 15 minutos, yo tenia todos tus horarios en la mente y hasta sabia donde estabas en ese preciso momento.

Y si, ahí estabas, tu suéter rosa, tu pelo que realmente era perfecto y hermoso. Te vi desde el camión y corriste a tomarlo, caray, era mi día de suerte, te sentaste en el primer asiento y comencé a sudar. No te aparte ni un minuto la vista de encima, no podía dejar de adorarte sin aun tenerte, y tu solo leías no se que cosa.

Finalmente se llego la hora de que bajaras, yo te seguí durante 2 calles sin que me notaras y cuando al fin me decidí a abordarte me llene de nervios y me comenzaron a temblar las rodillas, comencé a sudar, la garganta se cerró y las palabras se me fueron pero ya te había llamado por tu nombre (como lo supe?, coincidendias de la vida) y no podía echarme para atrás y debía decirte algo pero no podía articular las palabras, caray realmente eras hermosa. Finalmente y después de recuperar mi aliento pude soltar dos palabras, “¿como estas?”, creo que era la mejor manera de empezar a dejar aquel nerviosismo que me tenia atado. Tu solo dijiste ¿tu eres el del camión verdad?

Después de “platicar” durante 3 minutos quise decirte lo que tanto había planeado (no diré que era) pero no era el momento, así que solo camine a tu lado con rumbo a tu casa. No recuerdo exactamente de que platicamos pero fue grandioso, eras mas tierna y sincera, así como te imagine, caminamos durante 4 calles y aquellos nervios desaparecieron junto con el tiempo.

Después quise volver a verte y fui a tu casa, pero te habías ido, nunca me lo dijiste y tenías razón, apenas me acabas de conocer y que importaba yo, nunca volví a saber de ti.