Esa era la clásica frase del niño ñoño de la cuadra cuando íbamos a pedir Halloween.
Y claro que todos las tirabamos, además de que a cual niño le gusta la fruta, a menos de que no seas un niño normal. Yo prefería los dulces, los ticos, paletas de cajeta, tomis o damis, los dulces clásicos pues, barrilitos y de esos que no traen envoltura, los famosos dulces duros que ya solo se ven en los mercados y los cuales los venden por Kg.
Mil veces salí a pedir mi calaverita, con los de la calle, con los de la escuela, o algunas ocasiones en que me iba a quedar a casa de algún primo. El disfraz era algo primordial, no podías ir con la cara nada mas pintada y ya, debía uno preocuparse por ser al menos un poco ingenioso y con lo poco de dinero que tenias hacer algo que llamara la atención y el resultado eran muchos dulces.
Me disfrace de calavera, de enano con joroba, de gasparin (de muy chavito), el clásico drácula, y ya no me acuerdo de que mas, las mas originales en ese momento era ir de Jason, o de Michael Myers o del Fredy Kruger. Las veces más productivas era cuando me iba con los grandes de la cuadra, los que me llevaban más de 5 o hasta 10 años. Ellos se iban bien lejos y juntábamos un chingo de dulces, y si no daban hasta un vidrio roto se llevaban, recuerdo que me decía un tipo al que le decíamos “chivo” “vete hasta aquella esquina porque vamos a correr”, y si, un cristalazo se escuchaba y órale cabrones a correr, o ramas de árboles tiradas arriba de los carros. En una ocasión si se pasaron y anduvieron poniendo cuetes (chifladores) por debajo de la puerta y les prendían la mecha, nomás salía el ruco de la casa encabronadisimo a perseguirnos en el carro.
Una ves traíamos ya la bolsa de Soriana hasta la madre y andabamos bien lejos, bueno como a 10 calles de la nuestra y ya era tarde, entonces decidimos regresarnos y en eso que salen unos cabrones a querer “tumbarnos” las bolsa, “ora pinches lepes presten los dulces” y a correr cabron, pero a correr por sus vidas, eran como 4 mocosos y nosotros como 6, yo corrí tan rápido que ni me fije quien venia atrás de mi, cuando llegamos a la cuadra y nos fuimos reincorporando uno a uno empezamos a reírnos y a ver lo que nos habían dado, en eso que llega el clásico clasiquísimo amigo gordito sin su bolsa – jajajajajajja -.
¿Que paso Oscar, apoco te quitaron la bolsa?... él llegó, se sentó y se puso a llorar, fue por su papá y se fueron a buscar a los chavos, pero nunca los encontraron y para mi que le compraron un chingal de dulces porque era un cabrón consentido, que ahora es gay y tiene piercin’s en los pezones (iuuuggggggggg).
No queria contar esto, pero que mas dá, recuerdo que a mi –de muy niño- me daban un chingo de miedo los que iban a pedir Halloween, llegaban a la casa y órale a esconderse, me daban pavor, me aterraban, no podia verlos y yo les pedia-rogaba a mis papas que no les abrieran, en una ocasión por error yo abri la puerta y no mames, no mames, era una pinche momia asi toda llena de vendas con sangre en la cabeza, y yo no pude dormir esa ves, pero ya soy bien valiente y no me asustan ni las películas de terror, bueno si, pero poquito.
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